Todas llevamos dentro una niña herida y una niña mágica. La niña herida necesita ser vista, abrazada y comprendida; la niña mágica necesita ser escuchada, nutrida y celebrada.
Nuestra niña interior es la parte más vulnerable, creativa y auténtica de nosotras mismas. Es la voz que aún anhela amor, seguridad y reconocimiento. Sin embargo, si no la escuchamos, podemos vivir desconectadas de nuestras verdaderas necesidades y emociones, repitiendo patrones dañinos en nuestras relaciones y en nuestra vida.
Abrazar a nuestra niña interior es un acto de amor y responsabilidad. Nos permite:
- Sanar heridas emocionales del pasado.
- Romper patrones de autosabotaje y dependencia emocional.
- Reforzar nuestra autoestima y confianza en nosotras mismas.
- Reconectar con la creatividad, el juego y la alegría genuina.
- Construir una relación más amorosa y compasiva con nosotras mismas.
Maternarnos a nosotras mismas es convertirnos en esa fuente de amor, protección y validación que quizás no recibimos en la infancia.
Significa asumir el rol de nuestra propia cuidadora emocional, brindándonos la ternura, paciencia y contención que hubiéramos necesitado cuando éramos pequeñas. Es un acto de sanación profunda que nos ayuda a reconstruir nuestra autoestima, fortalecer el amor propio y liberarnos de la necesidad de buscar afuera lo que podemos darnos a nosotras mismas.
Este proceso no solo nos permite sanar nuestras heridas emocionales, sino que también nos da la oportunidad de vivir con mayor autenticidad, bienestar y libertad.
Aquí hay algunas formas prácticas para comenzar este hermoso proceso de autocuidado y sanación:
- Escucha tu diálogo interno
Tu niña interior siempre está presente en la forma en que te hablas a ti misma. Pregúntate:
¿Me hablo con amor o con juicio?¿Soy compasiva conmigo misma cuando cometo errores?
¿Me doy permiso para sentir, descansar y ser humana? Háblate con la misma dulzura con la que le hablarías a una niña pequeña.
- Date permisos: juega, ríe, crea
La vida adulta a menudo nos llena de responsabilidades y estrés, pero nuestra niña interior necesita diversión y alegría. Redescubre actividades que amabas de pequeña:
- Pintar, bailar, cantar, escribir, hacer manualidades.
- Jugar, explorar la naturaleza, andar en bicicleta.
- Contar historias, disfrazarte, actuar.
Conectar con el juego y la creatividad es una forma de sanar y reconectar con tu esencia.
- Construye rutinas de autocuidado :El autocuidado no es un lujo, es una necesidad. Pregúntate:
- ¿Qué nutre mi cuerpo? (Alimentación, descanso, movimiento).
- ¿Qué nutre mi mente? (Lectura, aprendizaje, límites saludables).
- ¿Qué nutre mi alma? (Tiempo a solas, espiritualidad, expresión creativa).
Crear rutinas amorosas para ti misma es una forma de maternarte con consciencia.
- Rodéate de amor y energía positiva Elige con quién compartes tu tiempo y energía. Pregúntate:
- ¿Las personas a mi alrededor me suman o me restan?
- ¿Me siento querida, valorada y respetada en mis relaciones?
Rodéate de personas que nutran tu crecimiento y te brinden amor genuino.
- Escucha a tu niña interior
A veces, nuestra niña interior solo necesita ser escuchada. Pregúntale:
- “¿Cómo te sientes hoy?”
- “ ¿Qué necesitas de mí?”
- “¿Qué puedo hacer para hacerte feliz?”
Tal vez te pida descanso, validación, ternura o simplemente un momento de juego y alegría.
- Escríbele una carta a tu niña interior habla con ella
Una forma poderosa de sanación es escribir una carta a tu niña interior, diciéndole lo que necesitaba escuchar en su momento. Puedes expresarle amor, validación y comprensión.
- Permítete recibir amor y cuidado
Ser independiente no significa hacerlo todo sola. Aprender a recibir amor y apoyo también es una forma de maternarte a ti misma. Permítete ser cuidada, amada y sostenida por los demás.
- Ser la adulta que necesitabas de niña
El mayor regalo que puedes darte es convertirte en la adulta amorosa, paciente y comprensiva que hubieras necesitado cuando eras pequeña.
- Ámate con ternura.
- Escúchate con compasión.
- Cuídate con responsabilidad.
Sanar a tu niña interior te permitirá vivir desde un lugar de amor propio, autenticidad y libertad.
Maternarte a ti misma es un acto de amor y transformación. ¿Estás lista para abrazar a tu niña interior?